2017-04-16

Inauguración de la bitácora JuriLog

A dos días de celebrado el 86º aniversario de la República Española, ábrese hoy esta nueva bitácora sobre cuestiones de filosofía jurídica, social y política con el ánimo de ilustrar, desde la lógica nomológica y la reflexión teórica, temas de amplio interés social.

Es propósito de esta bitácora encontrar una idónea perspectiva intermedia entre la del discurso académico y sabio, por un lado, y, por el otro, el militantismo social.

A quienes me hayan seguido no se les ocultan mis opiniones filosóficas y jurídicas. Puedo resumirlas (dejando muchas cosas en el tintero, naturalmente) con el siguiente elenco:

1) mi realismo metafísico;

2) mi adopción de una lógica gradualista (el gradualismo contradictorial);

3) mi CUMULATIVISMO, una doctrina filosófica caracterizada justamente por una determinada variedad y aplicación del gradualismo: la teoría de los cúmulos como realidades objetivas; la creencia de que, en lugar de emergencias o saltos cualitativos, lo que hallamos en la realidad son hechos de acumulación, agregación o conjuntación y que los cúmulos no son reducibles a los elementos por ellos abarcados; todo lo cual se aplica igualmente en el orden natural y en el de los hechos humanos (que, al fin y al cabo, forman parte de la naturaleza); rigue igualmente el cumulativismo en el mundo de las ideas;

4) mi propuesta de una lógica nomológica de las situaciones jurídicas;

5) mi profesión del Derecho Natural, o sea la creencia en situaciones jurídicas cuya vigencia emana de la naturaleza misma de las relaciones sociales, lo mismo en en sociedades humanas que no humanas;

6) mi animalismo, consistente en reconocer la continuidad entre la especie humana y sus parientes del reino animal y, sobre todo, en la afirmación de que nuestra sociedad es interespecífica, abarcando también a aquellos no humanos que viven entre nosotros (como domesticados o cautivos) y que, colocados bajo nuestro dominio y nuestra protección, tienen deberes y derechos;

7) mi humanismo fraternalista (inspirado en el solidarista francés Georges Scelle), que reconoce una comunidad universal de los seres humanos fundada en su estrechísimo vínculo de parentesco y en el interés que los une: el bien común de la humanidad, que se realizará plenamente en una República unitaria del Planeta Tierra;

8) mi desacuerdo con quienes creen en la validez de la propiedad privada;

9) mi funcionalismo (teoría de la legitimidad funcional, siguiendo la huella del solidarismo de Léon Bourgeois y León Duguit);

10) mi republicanismo republicano (o público), como forma del estatalismo o estatismo (tendencia antilibertaria, que afirma el bien común como preeminente); y

11) mi adhesión a un tipo de democracia radicalmente nuevo y antitético respecto al usual: la democracia justificativa (una democracia sin poder arbitrario, ni siquiera el del votante; podríamos verla como una democracia moderada, en la cual el propio poder soberano está sujeto al imperio del bien común y de la razón).

Nada tendrá de extraño que mis consideraciones sobre los temas por abordar se hagan desde ese horizonte intelectual, mas siempre con ánimo de ofrecer argumentos asumibles desde un espectro mucho más amplio de creencias filosóficas, sociales y políticas.

Espero una favorable acogida del público, deseando que libremente aproveche esta bitácora para comentar mis reflexiones.

Quienes deseen ahondar en los razonamientos que fundan mis puntos de vista hallarán un amplísimo surtido de mis ensayos, publicados o inéditos, en la página NOMOLOGIA

10 comentarios:

  1. Marcelo Vásconez Carrasco26/4/17 6:20

    Querido Lorenzo:
    ¡Éxitos con el nuevo blog!
    Una pregunta con respecto al punto 10 de las ideas por ti defendidas. ¿Te declaras como monista axiológico?

    ResponderEliminar
  2. No soy monista axiológico. La preeminencia del valor del bien común no implica que no existan otros valores. Dudo que esos otros valores sean valores jurídicos, pero, aunque sean valores éticos, pueden colisionar y de hecho colisionan con el del bien común.
    Además, esa preeminencia no es absoluta, no aplasta ni cancela ni nulifica los valores éticos posiblemente en conflicto con el del bien común. Es una preeminencia relativa y de grado.
    Por otro lado, el propio valor del bien común se desglosa en un número de subvalores, que también entran mutuamente en conflicto, por lo cual jamás existe la realización óptima del bien común, toda vez que, si es superior en esto, es inferior en aquello.
    No dudo que eso plantea problemas de elección racional, pero son muy difíciles. Hay que evitar la arbitrariedad, pero lo complicado del asunto hace que a veces sea difícil o hasta imposible zanjar u optar más que porque sentimos prevalente adhesión a tal subvalor, dejando para más tarde la justificación de esa mayor adhesión.
    Si mal no recuerdo, tanto en el inédito libro LA LÓGICA DEL DERECHO (y ya antes en mi tesis doctoral jurídica IDEA IURIS LOGICA) cuanto en mi ensayo "No es la Constitución la norma suprema" comento aprobatoriamente la tesis de Isaiah Berlin del pluralismo axiológico y la defiendo frente a las objeciones monistas de Dworkin, para quien no puede darse un conflicto de valores ni de deberes, sino que un valor existe sólo en tanto en cuanto sea cohonestable con sus presuntos rivales.
    Berlin argumenta (creo que con brillantez y sobrada razón) que no pueden existir ni cielo ni infierno, ni una realización consumada de todo lo bueno en grado sumo ni tampoco una conjunción pésima de todo lo malo.
    O sea, también con relación a los antivalores o contravalores soy pluralista.

    ResponderEliminar
  3. Marcelo Vásconez Carrasco27/4/17 20:01

    Empiezo con una cita tuya (de dos párrafos pequeños), y luego planteo unas preguntas.

    Juntemos en un comité consultivo de ética a varios filósofos: uno estoico, otro no-cognitivista, otro particularista, otro hedonista. Difícilmente saldrá de ese concurso ninguna orientación clara (ni siquiera oscura) de qué es ético y qué no lo es.
    El filósofo no aspira a desempeñar esa tarea, pues no es tal su cometido. Su misión es enseñar a reflexionar, suscitar inquietudes, avivar el espíritu crítico en sus discípulos o interlocutores, para que cada uno de éstos se forme su propio criterio. No incumbe al filósofo edictar códigos. [Libro inédito: La lógica del Derecho, p. 205]

    Esta pequeña cita da para muchos comentarios. Aparentemente toda la filosofía lo único que puede pretender hacer es problematizar, pero no solucionar. ¿Quiere eso decir que en un debate no hay ganadores ni perdedores? ¿Que todas las posiciones son igualmente válidas? La descalificación o desacreditación no afectaría sólo a la Ética, sino a toda la Filosofía, a todo problema filosófico en el que haya discrepancia entre los filósofos. No veo cómo se salva la Metafísica o la Filosofía del Derecho si ambas están infectadas por la divergencia de opiniones. Ninguna de ellas sería una ciencia.
    Un enfoque paraconsistente gradualista ¿no puede ayudar a rescatar la parte de verdad que posiblemente pueda tener cada una de las partes de la discusión?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vamos a ver, Marcelo, ¿cómo deduces de los asertos que citas la conclusión (aunque sea formulada problemática y no asertóricamente) de que TODAS LAS POSICIONES SON IGUALMENTE VÁLIDAS?
      Lo que abordo en el pasaje que citas no es la cuestión de la verdad, ni siquiera la de la verosimilitud, sino la de la TAEREA del filósofo, que a mi juicio no es ORIENTAR.
      No porque en filosofía todas las posiciones sean igualmente verdaderas (cuando dices "válidas" quizá te refieres a verdaderas, quizá a plausibles o verosímiles o probables), sino porque nunca alcanzan un grado de certeza e indubitabilidad tal que a un filósofo le quepa pronunciar la última palabra y avalar con su orientación el quehacer del legislador o de los decisores políticos o sociales; avalar DESDE LA FILOSOFÍA, en el ejercicio de su función de filósofo.
      En filosofía no hay vencedores ni vencidos. Hay opiniones. Yo tengo las mías, muy fuertemente abrazadas. Pero no soy dogmático. Soy realista de los universales, pero no pienso que el nominalismo haya sido derruido y que un nominalista hoy ha sea necesariamente un individuo irracional.
      Comprendo que ni mi realismo ni ningún otro dispone de argumentos tan contundentes y definitivos que no quepa la duda razonable en contra, y más que duda, la oposición.
      Eso no significa que yo sea escéptico o agnóstico, que carezca de convicciones. Basadas en argumentos, que creo sólidos y que me convencen. Pero esos argumentos acuden a la abducción (hasta elegir los axiomas de un sistema deductivo se hace mediante un razonamiento abductivo). Y la abducción no produce certeza absoluta.
      Sigo al cardenal Nicolás de Cusa y creo que todos nuestros conocimientos son conjeturas. Y en filosofía más que en otras disciplinas.
      Los decisores no deben eludir su responsabilidad invocando el dictamen de expertos. Eso suele dar muy malos resultados. No sólo cuando los presuntos extertos son filósofos, sino en otros casos. Pero los filósofos, peor. No estamos para eso.
      Cada filósofo puede participar en los debates públicos con sus argumentos, pero hace mal en aceptar un nombramiento como asesor de ética. (No conozco asesores de metafísca.)
      El problema de los filósofos del Derecho es un poco distinto, porque son también juristas. No argumentan desde la razón pura abstracta, sino desde la razón jurídica. Hallan, o creen hallar, en el propio sistema jurídico, o en sus fundamentos, unos principios orientadores. Aun así, el filósofo del Derecho tampoco tiene que edictar códigos.

      Eliminar
    2. Otro problema distinto es si el grado de incertidumbre es el mismo en todas las disciplinas filosóficas. El asunto es de un interés práctico relativo nada más, porque no hay comités consultivos de metafísica, ni de lógica, ni de teoría del conocimiento. Sólo de ética.
      Mas justamente me pregunto si nuestro grado de incertidumbre en ética no es mayor. El mío sí, aunque mi opinión personal no compromete a nadie más. Lo cuento en mi ensayo autobiográfico AMARGA JUVENTUD. Por eso nunca me he dedicado a la ética y apenas he escrito 3 cosas (un capítulo de los HALLAZGOS FILOSÓFICOS, sobre la agatología; el artículo sobre los dilemas morales en la filosofía analítica; y el prólogo al libro de Íñigo Álvarez sobre John Stuart Mill). Durante años fui no-cognitivista, en la modalidad de Bertrand Russell (que en rigor es cognitivista, pues decir "esto es bueno" es afirmar que uno siente hacia esto un sentimiento de aprobación). Pronto dejé atrás el no-cognitivismo, inclinándome por un consecuencialismo de reglas (fue la lectura de algún escrito de Rescher lo que me convenció de ese utilitarismo de reglas); a la vez mi vieja querencia hartmanniana me llevaba un poco a la ética material del valor. Pero nunca hallaba un modo de argumentar sólidamente esos temas ni eran aquellos que atraían mayormente mi atención. Sin caer en el subjetivismo total de Spinoza (para quien los hombres dicen que las cosas son buenas porque las quieren, no las quieren porque piensen que son buenas), tampoco me parecía en ese terreno que hubiera argumentos del mismo peso que los que hay en metafísica a favor de un realismo de los universales, p.ej. Puede que eso sea una simple experiencia mía.
      Justamente cuando descubrí el ámbito de lo jurídico me pareció hallar un asidero, una materia de concreción. A trueque de centrarme en el valor del bien común (ya he dicho que sin poe ello abrazar el monismo axiológico).
      En suma, aun mis actuales opciones éticas (como las que argumenté en mi prólogo a Íñigo) las profeso con menor seguridad que mis opiniones en metafísica, en teoría del conocimiento, en lógica y, desde luego, en filosofía jurídica. Me parece lo de la éticoa mucho más opinable, más propio de las preferencias de cada cual. Fundar las decisiones colectivas en la ética, teniendo la filosofía jurídica, me parece mal encaminado.

      Eliminar
    3. Se me ocurre una consideración más en relación a tu cuestionamiento. Según ya lo he dicho me inclino a pensar que hay una escala de certeza e incertidumbre (relativas y graduales) que diferencia el grado de confianza con el cual podemos abrazar las soluciones filosóficas en diversas disciplinas. En ética ese grado me parece bajo, comparativamente al de la metafísica, por un lado, y al de la filosofía jurídica, por el otro (aunque las razones por las cuales estas 2 disciplinas gozan de mayor certeza son muy dispares entre sí). Todavía más bajo es el grado de certeza en estética. Hoy se olvida a menudo que hay una estética filosófica, que el problema del PULCHRUM, de la belleza, es un problema genuinamente filosófico. Si las calificaciones éticas de BUENO u otros parónimos son motivo para optar prácticamente por ciertas alternativas, las calificaciones de BELLO o similares son motivo para estimar y preferir unas u otras realidades naturales u obras humanas (y, por lo tanto, para escoger hacer las cosas de cierto modo y no de otro). Todos queremos vivir en lugares hermosos y solemos pensar (al menos pienso yo) que una tarea poco asumida por los gobernantes es la de embellecer nuestros entornos de vida, p.ej. las ciudades (igual que cada quien trata de embellecer su hogar). Pero en estética nuestro grado de incertidumbre es máximo. Es muy difícil ofrecer razonamientos que avalen la conclusión de que la obra pictórica de Dante Gabriel Rossetti es hermosa. Solemos dejarlo en que a uno le gusta, si bien yo, con toda franqueza, la considero bella y juzgo feo casi todo el "arte" pictórico del siglo XX. Como DE GUSTIBUS NON EST DISPUTANDUM, lo dejamos ahí. A nadie reprocho que le gusten Dalí, Miró, Picasso o cualesquiera otros. ¿Nos imaginamos que los decisores públicos sobre urbanismo tuvieran un comité consultivo de estética y que en él tuvieran una voz relevante los filósofos dedicados a la estética para, desde esa dedicación disciplinar, pronunciarse sobre qué es bello y qué no lo es?

      Eliminar
    4. Se me ocurre una consideración más en relación a tu cuestionamiento. Según ya lo he dicho me inclino a pensar que hay una escala de certeza e incertidumbre (relativas y graduales) que diferencia el grado de confianza con el cual podemos abrazar las soluciones filosóficas en diversas disciplinas. En ética ese grado me parece bajo, comparativamente al de la metafísica, por un lado, y al de la filosofía jurídica, por el otro (aunque las razones por las cuales estas 2 disciplinas gozan de mayor certeza son muy dispares entre sí). Todavía más bajo es el grado de certeza en estética. Hoy se olvida a menudo que hay una estética filosófica, que el problema del PULCHRUM, de la belleza, es un problema genuinamente filosófico. Si las calificaciones éticas de BUENO u otros parónimos son motivo para optar prácticamente por ciertas alternativas, las calificaciones de BELLO o similares son motivo para estimar y preferir unas u otras realidades naturales u obras humanas (y, por lo tanto, para escoger hacer las cosas de cierto modo y no de otro). Todos queremos vivir en lugares hermosos y solemos pensar (al menos pienso yo) que una tarea poco asumida por los gobernantes es la de embellecer nuestros entornos de vida, p.ej. las ciudades (igual que cada quien trata de embellecer su hogar). Pero en estética nuestro grado de incertidumbre es máximo. Es muy difícil ofrecer razonamientos que avalen la conclusión de que la obra pictórica de Dante Gabriel Rossetti es hermosa. Solemos dejarlo en que a uno le gusta, si bien yo, con toda franqueza, la considero bella y juzgo feo casi todo el "arte" pictórico del siglo XX. Como DE GUSTIBUS NON EST DISPUTANDUM, lo dejamos ahí. A nadie reprocho que le gusten Dalí, Miró, Picasso o cualesquiera otros. ¿Nos imaginamos que los decisores públicos sobre urbanismo tuvieran un comité consultivo de estética y que en él tuvieran una voz relevante los filósofos dedicados a la estética para, desde esa dedicación disciplinar, pronunciarse sobre qué es bello y qué no lo es?

      Eliminar
  4. Querido Lorenzo:
    Una inquietud. Si, como tú admites, hay dos tipos de ley natural, una moral y otra jurídica, ¿no resulta de ahí que la palabra "nomología" tendría que ser ambigua?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, algunas veces he usado "ley natural" en un sentido de norma cuya fuerza de obligar emana de la naturaleza misma del ser humano, de las relaciones de unos con otros y con los demás parientes con quienes compartimos el planeta; tal ley se bifurca en dos: ley moral, ley jurídica.
      No es ambigüedad, sino generalidad, ya que, en ese sentido, la ley natural moral es una y la ley natural jurídica es otra, pero ambas coinciden en poseer esas notas, esas condiciones necesarias y suficientes.
      La diferencia estriba en que la ley natural jurídica tiene como su valor-guía el bien común. La ley natural ética no se limita a ese valor ni posiblemente le otorga superioridad jerárquica. La verdad es que yo no sé cuál es la jerarquía correcta en el orden de los valores éticos. El bien, sin duda, pero ¿basta eso?
      Sea como fuere, notemos la definición que da Santo Tomás de Aquino de la ley como disposición racional para el bien común edictada por quien tiene a su cuidado la comunidad; esa definición no se aplica a la ley natural ética, que no tiene como fin el bien común, sino el bien a secas u otros valores.
      Por eso, aunque a veces lo hago, no es del todo idóneo hablar de ley natural ética. Es mejor usar otro término.
      Es más, aunque mi primer artículo a favor del jusnaturalismo se tituló "El bien común, principio básico de la ley natural", en trabajos posteriores he sido parco a la hora de calificar al Derecho natural como ley natural, por 2 razones.
      La 1ª es que, si tomamos en serio la definición de Santo Tomás, sólo habrá una ley natural si ha sido edictada. ¿Por quién? Para el Doctor Angélico, por Dios. Sin embargo, como es una disposición de la razón, un acto de entendimiento y no de voluntad, la edicción divina es redundante. Redundante o no, ese requisito adicional de edicción por un legislador (en este caso divino) es confundente con relación a la esencia misma del Derecho natural.
      La 2ª razón es que, en el uso general, hablar de leyes no promulgadas choca con un prejuicio lexicográfico. En la filosofía jurídica, suele reservarse "ley" a la promulgada por un legislador. Acéptanse normas no promulgadas, como cánones o principios jurídicos, pero ni siquiera a las normas consuetudinarias se las llama "leyes".
      No tengo por qué comprometerme a usar "ley" en sentido estricto (que require promulgación) o en sentido amplio (que sólo require vigencia). Más a menudo la usaré en sentido estricto, pero, cuando el contexto sea oportuno, podré hacerlo en sentido amplio como norma vinculante (en uno u otro orden).
      El vocablo "nomología" viene del griego, significando el estudio de las leyes. Precisemos: la palabra griega "nómos" no se traduce más que aproximadamente por "ley"; es ésa una de sus acepciones nada más.
      Por una etimología popular, hoy, cuando casi nadie sabe griego, se tiende subconscientemente a entender "nomología" como "normo-logía", o estudio de las normas.
      Evidentemente, sea en su etimología culta, sea en su etimología vulgar, "nomología" se refiere a cánones (usemos esa palabra neutra) de conducta, que pueden ser morales o jurídicos.
      De nuevo, no hay ambigüedad, sino generalidad. Hay rasgos comunes de la nomología ética y de la jurídica. Pienso que muchos de los axiomas de la lógica jurídica (nomológica) se aplican también al orden de las normas éticas. No sé si todos. Creo que no, pero habría que revisarlos uno por uno.
      Sin embargo, el USO ha consagrado que, por excelencia, ley sea ley jurídica y nomología sea nomología jurídica. O sea, cuando no se precisa otra cosa, decir "nomología" y "nomológico" se refieren al orden jurídico, al orden de normas para el bien común y, por ello, coercibles.

      Eliminar
    2. Muchas gracias, querido Lorenzo.

      Eliminar

Doy la bienvenida a todas sus objeciones, críticas y sugerencias

SOBRE EL DERECHO DE SECESION Y EL REFRENDO PLEBISCITARIO (VI)

Sobre el derecho de secesión y el refrendo plebiscitario: VI.-- ¿Nación de naciones? por Lorenzo Peña y Gonzalo Lunes 2017-08-14 En ...

Artículos más consultados